Crónicas de junta
Sobreviví a una junta que pudo ser un correo
La invitación decía 'Alineación rápida — 15 min'. Si alguna vez has recibido una invitación así, ya sabes exactamente a dónde va esta historia.
Entramos doce personas a la llamada. Doce. Para un tema que, en retrospectiva, podía haberse resuelto con un mensaje de WhatsApp y un emoji de pulgar arriba.
Los primeros diez minutos se fueron en 'ya me ves?', '¿me escuchan?', 'espérenme, se me cayó el internet' y el clásico silencio incómodo mientras alguien intentaba compartir pantalla y compartía, por error, su bandeja de correo personal.
Minuto quince: nadie ha dicho nada relevante todavía. Minuto veinte: alguien pregunta '¿cuál era el objetivo de esta junta?' y el silencio que sigue es tan denso que se podría cortar con un cuchillo. Minuto veinticinco: empieza una discusión sobre un tema completamente distinto al de la invitación original.
Minuto treinta y cinco: por fin se toca el punto real. Se resuelve en cuatro minutos. Minuto treinta y nueve: alguien dice 'bueno, ya que estamos todos aquí, aprovechemos para ver otras cosas', y ahí fue cuando mi alma salió silenciosamente de mi cuerpo y se fue a buscar un café (que, obviamente, ya no había).
Cerramos la llamada a los cuarenta y cinco minutos exactos. El resumen que recibí después, por correo, cabía en dos líneas. Dos líneas que pudieron habernos ahorrado cuarenta y tres minutos de vida a doce personas.
Hoy honro esa junta no por lo que logramos, sino por lo que sobreviví. Que sirva de recordatorio: antes de agendar, pregúntate si de verdad necesitas una junta, o si nada más necesitas compañía.