Mitos y leyendas de oficina
El misterio de quién se comió mi comida del refri
Dejé mi tupper en el refrigerador de la oficina a las 9:15 de la mañana. Tenía un nombre escrito con plumón, '— NO TOCAR, GRACIAS :)', la carita feliz incluida como un intento desesperado de ser amable mientras defendía mi territorio.
A la 1:00 p.m., cuando fui a calentarlo, el tupper ya no estaba. En su lugar, solo quedaba un espacio vacío y una sensación de traición que no sabía que era capaz de sentir por comida.
Empecé mi investigación con la discreción de un detective de telenovela. Pregunté por el pasillo, con un tono casual que no engañaba a nadie: '¿no habrán visto mi comida, verdad? Así nada más, por si acaso'.
Nadie sabía nada. Todos, sospechosamente, tenían una coartada perfecta. El de sistemas dijo que había estado 'resolviendo un ticket urgente' toda la mañana. La de RH dijo que estaba 'en junta'. El nuevo, inocente y sin saber en qué se estaba metiendo, dijo que ni siquiera sabía dónde estaba el refrigerador.
Revisé las cámaras de seguridad con el guardia, que me miró con una mezcla de lástima y diversión mientras me explicaba que las cámaras no apuntan hacia la cocina, 'por privacidad'. Privacidad para comerse la comida ajena, pensé, pero no lo dije en voz alta.
Nunca resolví el caso. El culpable sigue libre, probablemente trabajando a mi lado en este momento, fingiendo que no sabe nada, disfrutando en silencio de un delito perfecto.
Desde entonces, escribo mi nombre en el tupper con un marcador permanente y una advertencia mucho menos amable. No ha vuelto a pasar. O al menos, no que yo sepa.